sábado, 10 de febrero de 2018

Una más de Domenico








Cuando los niños se enfadan, ellos suelen hacerlo, eso queda plasmado en movimientos corporales y en la creación de neologismos. En efecto, las rabietas y el lenguaje de los niños se conjugan y (re)configuran desde muy temprana edad. Hace algunos años atrás, luego de haber compartido un momento junto a Domenico, debido a mis obligaciones laborales tuve que irme, lo cual desató su llanto y, acto seguido, colgó lo que alcanzaba de sus brazos y su cabeza por la ventana y gritó: papá, no te vayas. Esa reacción era típica, pero de pronto algo nuevo surgió. Una tarde, me vi forzado a corregir a Domenico, le llamé la atención y, naturalmente, a él no le gustó. Inmediatamente en su media lengua dijo: váyate papá, váyate. Me resistí a hacerlo y en contadas ocasiones, luego de una espera desesperante, lo hice, el efecto era el mismo al anterior, él llorando recortado por el cuadrado de la ventana. Pensando un poco en ambas situaciones, avizoro el reclamo de Domenico razonable y justo, al principio no lo comprendía, ahora lo veo más claro. Se trata del efecto ante una situación de frustración, a saber, el no poder no evitar que me vaya, la impotencia hecha verbo. Pues si por un lado quería que me quede, eso se contradecía con tener que dejarme ir, en otras palabras, una evidente antinomia entre dejar partir lo que no quieres que parta y arrojar lo que no quieres arrojar. Codificada en la conjunción de las frases quédate y vete, resultado de lo cual surge váyate ¿Qué es pues lo que tienen en común quédate con vete? Simple, sé que tienes que irte, pero quiero que te quedes o no puedo hacer que no te vayas pero quisiera poder evitarlo, al no poder hacerlo, mi poder queda sin efecto, mas no mi querer, pero se impone el tener que. Ahora, cada vez que nos vemos, los dos sonreímos recordando el ya famoso váyate papá.




Marco el duro


domingo, 4 de febrero de 2018

The Hours







Creer, por ejemplo, que el amanecer no llegará. Sentir el tiempo descender hasta nuestros dedos, empozarse en las venas y latir tibio. El paso irremediable de lo cotidiano, el transcurrir de nuestra experiencia a cuenta gotas. La conversión de una sensación a pesadilla, los sueños rotos rotulados en el ecran de la esperanza.





Dawn of the Dead






The Hours


lunes, 29 de enero de 2018

27






Se me puede haber pasado la fecha de escribirte algo, pero nunca el día. La prueba está en que te saludé por anticipado, continuamos el mismo día, proseguimos el domingo y rematamos hoy.  

lunes, 22 de enero de 2018

Instante







Veo a un anciano de pie cerca de la avenida Argentina ofreciendo folletos muy delgados a los transeúntes. De pronto baja una muchacha precisamente desde la combi donde estoy sentado, le ofrece cortésmente las hojitas, para luego seguirla con la mirada, pegando finalmente los ojos sobre su trasero. Mueve los labios, parece murmurar algo para la persona de al lado. La víctima se pierde al doblar la esquina y él reanuda su labor evangelizadora. 






                                                




     Sunlight in a Cafeteria, 1958
     Edward Hopper


lunes, 15 de enero de 2018

Linger







He interrumpido mi escritura para escribir sobre Dolores O’Riordan porque acabo de enterarme de su muerte. Hace poco una amiga me decía los recuerdos que le traían un lugar en particular en la época universitaria, recordaba haberse saltado clases y devorado libros ahí. En mi caso, cuando mis alumnos me hablan de esfuerzo para el estudio, les cuento que mi régimen consistía en acostarme a medianoche y levantarme a las tres de la mañana e irme de largo. Naturalmente, a esa hora hay que ser silencioso y a la vez estar estimulado por algo externo. Una radio National que mi madre había dejado en casa era mi compañera, cada madrugada, lo único que me permitía no sucumbir al sueño y enfrentarme así a los horripilantes problemas de matemáticas era When You’re Gone de The Cramberries.



miércoles, 10 de enero de 2018

Fantasía







Un duende se posó en mi ventana y me dijo que las princesas no existían. Eso era cosa de ingenuos, cuentos anodinos de hombres buenos y sin voluntad.



Maldito Duende de Héroes del Silencio y Rebel Yell de Billie Idol




lunes, 1 de enero de 2018

Nuevos límites







Por lo menos un elemento de represión evita poder manifestarnos a nuestras anchas, cierto temor al fracaso, una tentativa que sabemos de antemano fallida, un pequeño libro terminado en la introducción, una canción incompleta, un corto de cine cortado a la mitad; cierta nostalgia por lo no vivido, pero de antemano conocido.   

lunes, 18 de diciembre de 2017

Arte culinario







1. 


Mi relación con el pollo siempre ha sido conflictiva, desde que tengo uso de razón recuerdo que mi padre me llevaba al mercado los domingos y lo primero que veía eran las aves con el pescuezo abierto desangrándose a cuentagotas. Tamaña impresión dejaría una estela imborrable en mi memoria que, a pesar de los años transcurridos, persisten dentro de mí, como una vieja película que vuelve una y otra vez.



2. 


Ya es la hora del almuerzo y adivinen qué hay para comer. Lo único distintivo es que está acompañado por tallarines rojos, lamentablemente siento nauseas al verlo y al olerlo, el olor nauseabundo sube por mis fosas nasales; la única salvación es engullir y combatir así las arcadas inevitables.



3.


Avenida La Marina, diez de la noche, sube un anciano y se ubica en la parte posterior, lleva unos paquetitos en la mano, nadie lo escucha, la gente está agotada. Habla de lo mal que nos alimentamos y sugiere cambiar nuestra dieta, ofrece frutos secos, no logra convencer a ninguno. Antes de bajar proclama con toda la sabiduría popular que lo caracteriza: y no lo olviden, sepan que lo que consumimos diariamente es carne podrida, alimentos en estado de putrefacción; la única diferencia es que están sazonadas.



4. 


Un amigo me envía por whatsup un video de un hombre que da mordiscos a una rata gigante muerta, empieza con la cabeza, luego las patas y prosigue con el cuerpo, como si de una legumbre se tratara.



5. 


Al final, no hay diferencia alguna entre tragar un trozo de pollo, pescado o res y devorar un perro o un gato. En ambos casos, en determinado punto, se trata de pasar, no de saborear, de ingerir lo más rápido posible sin pensar o de cerrar los ojos e imaginar que de un platillo gourmet se trata.

lunes, 11 de diciembre de 2017

Plato fuerte







Una manera de aletargar el presente es a través de la literatura. Pero una manera de viajar al pasado es, literalmente, vía la adquisición de discos de vinilo. Es cierto que las palabras también nos remiten al pasado. Qué duda cabe! Pero moverse en el espacio y postergar el tiempo presente están más ligados a la acción y es así donde la compra de artículos antiguos, vinilos, cobra sentido. Es innegable, insistimos, la capacidad de la literatura de hacernos soñar, de darle consistencia y espesura a las fábulas de la imaginación, pero la labor vinilera, casi de arqueólogo sensorial, no está limitada por la elucubración, donde todos los sentidos están involucrados. Primero lo visual, observar la superficie redonda es ya un placer sin par. Recorrer e imaginar con la mirada los surcos, las líneas de la vida, las historias musicales ocultas por desentrañar. Segundo, lo táctil, discurrir como si de un sistema braille se tratara en búsqueda de imperfecciones, desconfiar de lo que nuestros dedos conjugados con nuestra vista extraen a modo de conclusión. A veces lo que percibimos con el tacto no basta, hay que corroborarlo con la mirada, nuestras yemas no están libres de yerro. Tercero, la experiencia auditiva, el audio, la música que toca, el recuerdo traído al presente, el pretérito eterno, pero antes que eso, el sonido de fondo. El vinilo lleva un background sound y sobre eso la música. Curiosamente, la pureza del sonido radica en yuxtaponer la melodía sobre el hissing, el sonido de mar, la concha de abanico sonora. A eso hay que agregarle el scratch, también llamada canchita y papa frita. La suficiente para que deje oír los sonidos, demasiado entorpece la experiencia auditiva, muy poco, según algunos, le quita identidad, esto es, la razón de ser de escuchar vinilos. Cuarto, la limpieza, tal vez el trabajo más arduo, desempolvar los recuerdos y las canciones de esas pequeñas líneas delineadas sobre la superficie. Más allá de la técnica queremos resaltar aquí, el ejercicio de la paciencia y lo que eso supone. Por lo menos dos horas para limpiar y escuchar un vinilo. Cual fuese el método, lo importante es recalcar que nos enfrentamos a una experiencia profanadora, se trata de dejar correr la aguja, esperar a que la sustancia elegida haga efecto y que sobre la primera luego aparezca una mota de tierra muerta, a la vez que suciedad sobre el plato. El procedimiento se repetirá las veces que sean necesarias, a mayor repetición, mayor placer. Quinto y último, hablamos de moverse, de desplazarse en la ciudad en el afán persecutorio de hallar los tan preciados objetos coleccionables. Comprar vinilos de época equivale a sumergirse en las catacumbas de nuestras vivencias, naufragar victorioso o entristecido de tanta recordación. 



Colofón: El semiólogo francés Herman Parret habla de lo háptico, es decir, de la experiencia táctica y visual conjugadas. Sin duda el coleccionista de vinilos, pero sobre todo, el verdadero amante de ellos, cultiva lo háptico. Pues aquel toca con la mirada y mira con los dedos.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Malcolm in black







Cuando se piensa en un guitarrista, por lo general viene a nuestra memoria Hendrix, Clapton, Page, Beck, Iommy, May, Friedman, Satriani, Lynch, Van Halen, entre otros, es decir, una primera guitarra, lo cierto es que la segunda es la base de la canción, de hecho no conozco primera guitarra alguna que componga el solo de la nada; aunque haya solos muy bien elaborados, incluso solos que parecen cortos de cine, es decir canciones comprimidas e independientes del todo, siempre dependerán de la guitarra rítmica, cobran sentido a partir de ésta. A su vez podemos hablar de la duplas: Laurel and Hardy, Mutt y Jeff, Batman y Robin, Kalimán y Solín, Marty y el Doc y, desde luego, Angus y Malcom. Lo cierto es que cualquiera que escuche AC/DC o guste de su música, podrá identificar fácilmente la melodía, la base, el esqueleto y eso quiere decir la guitarra rítmica. Decir que Malcom es superior a Angus es un despropósito, un disparate, pero decir lo opuesto, a saber, que Angus lo es, también. Ninguno es más protagonista que el otro, naturalmente Angus siempre está en primer plano y Malcom en segundo, pero no se trata de una rivalidad, ni mucho menos, ni de quién opaca a quién, hablamos de complemento, de cóncavo y convexo, de riff y solo; Malcom nunca se inmutaba, tocaba preciso cada nota con la derecha, el cigarrillo aplastado entre los labios, tampoco llevaba uniforme ni mochila, su guitarra tenía solo una pastilla en el puente, se podían ver los orificios vacíos de las pastillas ausentes, suficiente para hacer retumbar los amplificadores y los oídos, ese rugido que le indicaba a Angus cuando solear, porque ellos siempre estaban amalgamados, conectados entre sí, como dos bramidos que parecen uno, pero en realidad son dos. He ahí algo similar, aunque desde dos primeras guitarras, tal cual ocurre con Maiden y Judas. Notorio al hablar de Malcom Young, pues él parecía ocultarse para mejor rugir su guitarra, esconder para mostrar mejor, porque Malcom fue un guitarrista dueño de un perfil atípico y excepcional, decidido a cederle la posta a su hermano Angus, para que brillara con luz propia, tal vez al saberse limitado de poder solear se alejó, pero cabe la posibilidad de desprenderse del estrellato en favor de la banda. Luego, le entregó el disfraz a su hermano y se colocó detrás del amplificador, a cambió de una guitarra con una sola pastilla y un cigarrillo encendido. Lamentablemente la unión se reemplazaría debido a compromisos monetarios y las lagunas repentinas de Malcom de las canciones. Es triste pensar en Malcom olvidado de los escenarios, más triste todavía su olvido de las canciones, pero más triste aún que todo lo anterior es habernos olvidado de él y recordarlo, recién, a propósito de su muerte. Por eso prefiero imaginarlo con su media sonrisa y su cigarrillo en ristre, en medio de la multitud.




Rosie