domingo, 26 de octubre de 2008

Ribeyro hablador


Tímido, huidizo, siempre prefirió el anonimato al estrellato. Aunque su fama viniera inevitable al darse a conocer sus relatos. Entre ellos se cuentan más de 90. Su memoria bien podría ser una nueva Historia del Perú, aquella que pasa desapercibida por los demás: la de los marginales. Mago del verbo, sus palabras fueron bálsamo para aquellos que no tuvieron voz. Esmirriado, pero no calvo, el ejercicio literario, en cambio, parece haberlo desplumado. Ha paseado tabernas como gotas tiene el mar. El vino le dio ese tono atintado a su rostro, ahora ajado por el tiempo. Su aliento es de tabaco rubio. Espalda aguitarrada, cuello de gallinazo. Afeitado luce más viejo. Trajeado de abuelo hace más gala de sus huesos que de sus músculos. Orejas de goma y nariz de plastilina. Dedos sin filo, alfeñique nato, perdió todas las competencias deportivas antes de participar. Compañero de cuarto a principios de los sesenta de Mario Vargas Llosa, leyó el borrador terminado de "La Ciudad y los Perros". Solitario por vocación, pasó extensas temporadas de bohemio en Europa, finalmente se desposó. Tuvo un hijo. Más de quince años de fumador le pasaron la factura en 1994.

Posdata: La versión de "Los gallinazos sin plumas" de Julió Ramón Ribeyro por Francisco Lombardi en su film "Caídos del cielo".






2 comentarios:

LaNoviaDeHannibal dijo...

He vuelto a leer "Cuentos de Circunstancias" hace poco.

Demasiado de algo es malo. Como los extremos. En fin, creo que cualquiera de nosotros podríamos haber sido una historia Riberyana

Christopher dijo...

... Ribeyro se se preocupó por hacer de la realidad algo ficticio y de los ficticio algo real. Y en el medio de eso nos puso a nosotros, es decir, a sus personajes ...