martes, 31 de marzo de 2009

Invisible


Dos hombres viendo el box, una madre dando de lactar a su hijo y yo en el medio. Las metáforas pueden ser infinitas y las sutilezas también. Sentí una hondonada en el alma. Miraba a un lado, al otro. Pero nada.

domingo, 29 de marzo de 2009

El hechizo ya sido está siendo


Un amigo dibujante me contó alguna vez que sus mejores trabajos resultaban de la zozobra, el dolor y el abandono. Luego, en un estado distinto, completamente opuesto, intentaba hacer lo mismo sin éxito.


A
su vez y sin ánimo de compararlos, Eric Clapton decía que es necesario tener problemas para componer un blues.

En una entrevista Juan Carlos Onetti confesaba sentirse derrotado al leer su propia obra. Nunca más sería capaz de escribir de la misma manera.

Eddie Van Halen hablaba del momento mágico de sus ensayos en solitario, esto es, un solo de guitarra inasible que se hacía recuerdo, sólo eso, no bien terminado. En vano trataba de repetirlo, el encanto se había ido.


The thrill is gone a cargo de BB King, Eric Clapton y Phil Collins

lunes, 23 de marzo de 2009

La verdadera prisión


Con cierta expectativa vi la película española REC. Lamentablemente, la esencia del film, la situación de confinamiento a la que quedan expuestos los protagonistas paulatinamente, queda relegada por escenas hilarantes e inverosímiles, pero con algunos chispazos de lucidez.


Primero se pasa de un espacio relativamente grande, la estación de bomberos, al mismo vehículo de ellos. Luego, ya dentro del edificio, del primer piso a diferentes ambientes: departamentos y tópicos hasta llegar al último, justo debajo del ático, donde la última sobreviviente es victimada.

Y pienso en la cárcel, el sanatorio, la escuela, que no son sino extensiones de la prisión mental, la más feroz tal vez. Pero que existen nada más que para hacer hincapié, para materializar ésta. La verdadera condición nuestra, meros seres humanos prisioneros de lo corpóreo y de la subjetividad.


The Wall de Pink Floyd

domingo, 15 de marzo de 2009

Aprender a aprehender


Es lamentable llegar a viejo y no haber aprendido nada de la vida. Las cosas fundamentales por decirlo de algún modo. Preparar un buen ceviche con su ají en su punto. Una buena crema volteada o un pie de limón. Saber, por ejemplo, que luego de haber amado tanto duele un poco dejar de hacerlo, las despedidas siempre son largas. La pereza después de la resaca, embarrarse los dedos con un mango y sentarse así en el libro de Frieda Holler y el manual de Carreño juntos. Mojarse por las noches siendo ya no tan púber. Levantarse tarde, quedarse dormido en el cine, comer chocolate sublime con papitas lays. Mentir para no herir. Que luego de decir la verdad nos exponemos a ser vapuleados no sólo por el enemigo, sino también por el amigo. Pincharse un dedo con una espina y chuparse la sangrecita que mana. Desayunar camote con chicharrón y surtido especial. Resbalarse saliendo de la bañera. Soltar una flatulencia sin avisar y sin recato. Fumarse un troncho y entrar reventado, con concha, a las clases. Llorar de puro borracho con los amigos en una juerga con ron barato. Esperar y esperar en la esquina de siempre a Dulcinea y nunca verla llegar. Cortarse al afeitarse y nunca poder desaparecer el puntito de sangre seca. Hacer un castillo de arena teniendo como coro las risotadas de los amigos. Un poema mal escrito y enviado a la persona incorrecta. El desvanecimiento del desodorante antes de tiempo. Quedarse dormido eternamente en el prólogo de un solo libro. Un baile por demás descompasado. Ser onanista pudiendo ser feliz al lado de otro cuerpo tibio. Chamuscar las hamburguesas un domingo por la tarde. Una beso furtivo después del atardecer. Una copa de vino a la mitad.


p.s. : primavera, verano, otoño e invierno.


lunes, 9 de marzo de 2009

Los funerales de un atardecer


Siendo un niño todavía recuerdo el paso de la tarde ensombreciendo mi devenir. Las nubes y su cielo siendo absorbidos por la noche. Las bocinas de los autos. Ver las paredes teñirse y crear sombras gigantescas en el claroscuro me aterraba. Los postes lánguidos de frío donde fuera que me encontrara; solo o acompañado, con o sin luna. La muerte inesperada me compelía más allá. Los restos de aquellas impresiones yacen aún en mí, como remanentes de alguna batalla lidiada con el pasado, pero anclada a mi presente, sea como recuerdo, sin miedo tal vez, pero aún con admiración y congoja. El resurgimiento de mis propios temores que nacen y mueren en el durante. Fortísimos e inasibles y sin embargo tan dueños de mis propios sentidos. El gentío indiferente a mi paso.

domingo, 1 de marzo de 2009

La tristeza de un hombre





Siempre he pensado que los postes de luz son hombres famélicos, desgarbados, al borde de sucumbir ante tamaña realidad nuestra. Los cables son sus nervios, tensos, delirantes o sus brazos infinitos. Los pequeños caparazones sobre sus rostros amarillos, los sombreros que los cubren del frío de las alturas, de la indiferencia. La mancha gris arriba del horizonte es un hálito de pena, de saberse cosa y nada más que eso o el vaho de la verdad exhalado del charco de algún miserable.