lunes, 29 de junio de 2009

Las palabras


Hay palabras que recuerdo con placer. Cuando no las engullo, opto por chuparme los dedos y sentir su compañía en mis cortos viajes de todos los días. A veces llego con las yemas rojas a mi destino. Y sé que la rosa de Adán no es la rosa, ni que el río está en la palabra Nilo. Pero los vocablos son como frutos, hay que saborearlos, lamerlos letra por letra. Como se hace con un mango o una fresa. Por eso los diccionarios resultan siendo objetos misteriosos, me gusta observarlos, pero como al mar, los respeto. Jamás podré memorizarlos en su totalidad. Ribeyro jugaba a formar palabras intercalando las iniciales M-a-r-l-b-o-r-o. Borges temía que en el decurso de la noche, las frases abandonaran finalmente los libros sobre los que descansaban. Paso mi mano sobre su lomo, surcan mis labios anacrónico, madness, sable, loneliness, coucher y wistful. Y pienso en una termino imposible, aleph, y otro más que aprendí ayer, pero que aún no logro aprehender, saudade. Sí, se me escapa de los labios, huye y deja una estela de colores grises, un olor a pan caliente, a madrugada, a libro antiguo, a cartón mojado, a carne sacrificada.

martes, 23 de junio de 2009

Mi primer beso


Mi quinto amor fue una mujer sucia
con quien pequé casi en la noche,
casi en el mar.

Martín Adán



Era bajita y llevaba dos colitas negras. Mandil plomo, mejillas rosas. No hablábamos de nada. Nos escabullíamos debajo de las mesas de trabajo, entre las tijeras, los crayones y las bolitas de plastilina. La goma enredaba nuestros cabellos. Cada día, a media clase, un beso.


Gustave Klimt - El beso (1907 - 1908)



jueves, 18 de junio de 2009

Borges y Bajofondo


Imposible no imaginar a Borges al escuchar En Mí-Soledad de Bajofondo. Ver al hombre que desemboca en la unánime noche, el libro de arena entre los dedos, el bajo obstinado, preciso, sutil. Los azulejos de los patios y el jardín de al lado, la reverberación de la luz sobre el rostro de la espada. La percusión acorde con los pasos del compadrito que a su muerte va. El bastón, el puño y la daga refulgen en la oscuridad. La mirada amarilla, aindiada, de tigre. La niebla, la pausa invisible. El teclado derrama otro poema de los dones y las lunas llueven recuerdos que Funes aún no sabe olvidar.


lunes, 8 de junio de 2009

El silencio


Tomé el micro a las 6:45 pm, estaba cansado y con hambre. Me sentía enfermo. Subió un tipo a los cinco minutos y ya estaba hablando por teléfono. Se sentó lejos de mí, sin embargo, para mi desdicha, se cambió de lugar. Y empezó a vociferar su infortunio y su cólera. Su conversación me hacía partícipe de algo inevitable, su voz.


Recordé lo que dije Eduardo Galeano de Onetti luego de su muerte:

“… este es el hombre que me había enseñado a despreciar las palabras que no son mejores que el silencio. Y ahora espía por encima de mi hombro, echa una ojeada al papel que estoy garabateando y tuerce la boca, con el pucho en falsa escuadra. Yo estrujo el papel, y callo”.

Y pensé en el silencio y todas sus formas. El cómplice para culpar o salvar a alguien. El que otorga o exclama demasiado. El de los inocentes que prefieren callar o no saben expresar. El que es incapaz de aseverar. Del que ignora algo; del que piensa antes de hablar. El doloroso, pues su voz ha sido arrebatada. El hablador, porque dice más que un discurso; de cuyos hombres no escuchamos bramido, los mudos de Ribeyro. De quien nada tiene que decir. De la infelicidad.

The Unforgiven


lunes, 1 de junio de 2009

Bestiario


A veces creo que los monstruos de las historias de horror y de la ciencia ficción son fabulosos solamente porque son una extensión de nosotros mismos, pero no reparamos en ello y por eso resultan asombrosos. Sin embargo, basta con dar un vistazo a nuestro alrededor, en la calle, en los parques, para darnos cuenta de cuán monstruosos somos nosotros y cuán naturales resultan siendo un hombre con cabeza de chivo o una mujer araña.


The Munsters