lunes, 29 de junio de 2009

Las palabras


Hay palabras que recuerdo con placer. Cuando no las engullo, opto por chuparme los dedos y sentir su compañía en mis cortos viajes de todos los días. A veces llego con las yemas rojas a mi destino. Y sé que la rosa de Adán no es la rosa, ni que el río está en la palabra Nilo. Pero los vocablos son como frutos, hay que saborearlos, lamerlos letra por letra. Como se hace con un mango o una fresa. Por eso los diccionarios resultan siendo objetos misteriosos, me gusta observarlos, pero como al mar, los respeto. Jamás podré memorizarlos en su totalidad. Ribeyro jugaba a formar palabras intercalando las iniciales M-a-r-l-b-o-r-o. Borges temía que en el decurso de la noche, las frases abandonaran finalmente los libros sobre los que descansaban. Paso mi mano sobre su lomo, surcan mis labios anacrónico, madness, sable, loneliness, coucher y wistful. Y pienso en una termino imposible, aleph, y otro más que aprendí ayer, pero que aún no logro aprehender, saudade. Sí, se me escapa de los labios, huye y deja una estela de colores grises, un olor a pan caliente, a madrugada, a libro antiguo, a cartón mojado, a carne sacrificada.

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