lunes, 26 de octubre de 2009

El todo es la parte


Es cierto, después de haber observado, de reojo, toda su humanidad reposar sobre el asiento del bus, finalmente me quedo con su pie atrapado en una ballerina multicolor. Totalizante, ya impregnado de todo lo que hasta entonces podía llamar mío. Creo haber visto un lunar o una cicatriz sobre él. Era canela, no sé si seguirá así, la memoria me falla. Bajé raudo, asombrosamente no llegué tarde a mi destino. Pregunté la hora, solo me había tomado un minuto tamaña revelación.

lunes, 19 de octubre de 2009

Morir de risa es también, morir de a pocos



Está en los hombres desafiar a la naturaleza. Borges sonreía y sorprendía así a los doctores, mientras era internado, poco antes de morir. En El campeón de la muerte, Hilario Crispín toreaba a la parca con esa habilidad de quien nada teme. Marv, en Sin City, no le huye, sino la busca. Al final expira, pero no se sabe si le ganó la pereza de luchar una última vez o la muerte le venció. En el capítulo El soldado y la muerte del Narrador de cuentos, la segunda es atrapada por el primero. Y pasea contento, pero la libera más por las consecuencias, hay ancianos que precisan reposar sus huesos, que por debilidad. Tal vez la catalepsia sea una forma de burlarse de la pelona, por eso en enterrado vivo, Poe lleva al extremo la idea de volver en sí, después de un breve letargo. Burton la ve como un estado tan absurdo, que es preferible estar medio vivo o medianamente muerto. Morrison creía que más vivos estamos mientras más cerca de la muerte andamos. En su estado de paciente, Ribeyro encontraba la razón de ser entre salud y enfermedad, en la dialéctica que daba lugar a la vitalidad. Pedro Damián cambió el curso de la historia, al haberse agenciado una segunda muerte, más digna, de héroe. Y queriendo ser recordado donde descansaban los grandes deportistas, Socrates hizo, de la antesala de su muerte, un festín: un momento memorable. Judas y sus veinte monedas, Jesús y su cruz también. Por eso el suicidio no es tanto un acto de cobardía, como jugarse la vida y vencer a su mayor antagonista.

La historia de Marv según Sin City


lunes, 5 de octubre de 2009

Rarísimo


L’enfer c’est les autres

Jean Paul Sartre


Camino a la universidad subieron dos señoras añosas al bus. Las miré de reojo. ¡Qué regio! Una de ellas, la de menor edad, se alisó el cabello frente a él. Se examinaba. No lo había notado, pero en efecto, a falta de vidrio un objeto especular había sido colocado en su lugar. Y la observé, a ella y a su reflejo. Luego desvió la vista hacia mí, a través del mismo y fuera de él. Tal vez se apenó al saberse mirada, al ver mi mirada sobre ella. Y puede ser que haya pensado lo aterrador de la situación: dos espejos casi juntos, casi simultáneos, reflejándola al infinito. El infierno bajo las cejas. De lejos yo era el más feroz.