Ignoro si Steve Harris leyó alguna vez a Borges. Tampoco sé si éste escuchó alguna vez el álbum The Number Of The Beast. Lo que sí es cierto es que hay más probabilidades de que Maiden haya leído al ciego maravilloso que éste escuchado a ellos. Sabida es la inclinación de la banda inglesa por la historia, la literatura fantástica y la poesía clásica. Phantom Of The Opera, Transylvania, Murders In The Rue Morgue, Rime Of The Ancient Mariner y Alexander The Great son obras maestras, por la referencia cultural inmediata y por el aporte a nivel musical. La primera basada en la novela de Gastón Leroux, la tercera en el relato de Edgar Allan Poe y la cuarta en el poema de 1798 de Samuel Taylor Coleridge. Sobre la lápida de Eddie del álbum Life Afther Death descansa la siguiente cita:
"That is not dead
which can eternal lie
yet with strange aeons
even death may die".
H.P. Lovecraft
Borges, hombre de letras, confeso adorador de Lovecraft y a quien rinde tributo con There are more things en el Libro de arena (1975), gustaba del tango, y así lo confirma en una conversación sostenida con Ernesto Sábato incluida en el libro Diálogos: Borges-Sábato compaginado por Orlando Barone hacia 1976. En 1944 es publicada una segunda versión de Ficciones, donde ya se incluía El milagro secreto del cual más tarde diría Sábato ser uno de los cuentos que más le apasionaron.
Dicha historia es la de un hombre condenado a muerte, quien en su frenesí por acabar su obra antes de morir pide a Dios un deseo: se le conceda poder terminarla antes de su ejecución a las nueve de la mañana. De espaldas al paredón y luego de vociferada la orden final del sargento, Dios así lo hace. La de Hallowed be thy name, en cambio, es un tanto distinta. Otro mortal, tal vez el mismo, será llevado a la picota a las cinco en punto. Declara todo hecho consumado, pero las arenas del tiempo avanzan lentas para él. Y el padre viene a confesarlo, pero él no teme morir. ¿Es realmente el fin o algún sueño insano? ¿Si Dios está conmigo por qué me deja ir? La vida no es más que una extraña ilusión. Bastaron dos minutos cronológicos para que aquel pudiera concluir su sueño, un segundo divino son horas para los mortales. Jaromir Hladík al clamar a Yahvé demuestra así su carácter perecedero. El otro rechaza al sacerdote y sus santos oleos. Ambos, sin embargo, cada uno a su modo, desafían las leyes de la naturaleza. El primero se regodea en el no tiempo, donde el universo físico carece de movilidad, de importancia. El segundo pierde humanidad al sentir miedo y luego desprecio por la vida esta. Se entregan a la muerte no resignados, sino convencidos de sí mismos, de lo hecho, de su legado. Sobrehumanos los dos, hombres imposibles, semidioses terrenales. Llenos de ira, dolor y terror. Seres maculados, finitos y eternos.
Hallowed be thy name de Iron Maiden





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