sábado, 31 de diciembre de 2011

Margarita




El primer recuerdo que tengo de mi abuela es su silbido dominguero, muy temprano, casi de madrugada. No era muy fuerte, pero inconfundible.


Creo que nunca estuvo tan cerca a nosotros como en esos días.


Entonces no lo sabía, su vida se iba apagando de a pocos, se estaba despidiendo de nosotros. La poca vitalidad que le quedaba, caería enferma meses más tarde, la volcaba completa en cocinar, cuidar de cada uno y jalarnos de las mechas. Y tal vez ahí radique lo notable de ella, sabía que su partida era inevitable. Jamás acudió al médico en su vida, se reía de los dolores de muela saboreando caramelos de limón y viendo Trampolín a la fama.


Por las tardes, después del almuerzo, se sentaba en una silla de espaldas al patio de la casa, contaba historias pasadas de amantes imaginarios y otras no tan felices. Era inevitable verla descansar tranquila, a mitad de un recuerdo, la tarde ya casi moría, también.


Hacia las seis alisaba su falda gris, que ella misma hacia, y con el dorso de la mano se acomodaba el cabello. Siempre me intrigó saber si era la única prenda que tenía o eran muchas iguales que contaba en su haber.


Uno de nosotros la acompañaba al paradero, era verano creo, su bus tardaba en llegar. Debía ser el único, regresaba casi vacío.


La veía alejarse, desaparecer, como una lucecita de bengala, hasta el siguiente fin de semana.




Post scríptum: ... dos canciones favoritas de ella ...






miércoles, 30 de noviembre de 2011

Técnica errada



Llegó tarde, para variar. Un día ausente y ya parecía una semana eterna de tranquilidad. Les dije que resolvieran unos ejercicios del libro de trabajo, solo restaban diez o doce minutos para el examen de medio curso. Desde el primer día de clases supe que esa muchacha andaba con los pies en cualquier lugar, menos en el aula. Más de una vez nos hemos cruzado en la cafetería, ella de la mano de su enamorado yo abrazando una galleta al paso. No había estudiado absolutamente nada. Se fue a la última página del libro y empezó a copiar las respuestas, más bien trataba de recordarlas hasta que volviera a la página correspondiente. Una vez escritas se borrarían automáticamente de su mente. La primera vez la fulminé con la mirada, puso la cara muy suya, de yo no fui. Después ni siquiera me molesté en mirarla, sabía a qué atenerme. Recordé que mi profesora de Lengua II de la universidad encontraba vano plagiar de un papel que previamente había sido resumido del cuaderno o el libro, pues esa acción de copiado de las ideas más importantes no era sino una síntesis del texto original, vale decir un resumen. Entonces supe enseguida su destino, no llegaría lejos, no bien empezado el examen su pobre memoria y sus recuerdos anclarían en la tierra del olvido. Obtuvo trece de veinticinco. Irónicamente, el simple hecho de querer triunfar en los ejercicios la imposibilitaba de retener la información, de tal manera que le sirviera para el examen y su consecuente aprobación.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Maternal



Siempre estaremos en deuda con nuestras madres, no así con nuestros padres. El mayor esfuerzo podrá ser cuestionado de cara al guillotinaso materno, el menor error potenciado y sublimado. No exageran al decir que les debemos la vida; por eso, no bien llegados a este mundo, ya empezamos a desgajar las cuotas módicas de nuestro existir.

lunes, 22 de agosto de 2011

Fakebook



Dos jovencitas trepan casi al vuelo. Se desparraman sobre los asientos. Ora para sentirlos, ora para darles algo de realidad. Tal vez sea lo único real. El carro reanuda su marcha enseguida, es cruel, no espera a nadie más. Ya pasan las dos de la tarde y está a medio llenar; el sol se cola por las ventanas. Deben tener quince años a lo mucho, pero ya son herramientas tecnológicas. Sonríen entre ellas, hacia ellas, su inocencia rebota en círculos. El adiós amor de los parlantes fluye con naturalidad por estos lares, es una puerta giratoria. Una de ellas, la que está pegada a la ventana, desenvaina su arma feroz, una cámara digital plateada. Se avanza lento, hay gente en las calles. La enfoca en picado y dispara sobre las dos. El flash no llama la atención, traspasa los cristales y sigue su rumbo, fotografiando la ciudad, lo visto, lo sido. Reflejando lo imposible, perpetuando la especie. Ellas no se dan por aludidas, el mundo se esfuma después de apretar el disparador, han aprendido a aniquilarlo aún sin saberlo. Los encuadres son variados, cómicos, originales, casuales. Temo que me retraten y luego me hagan desaparecer al subirme a la plataforma más popular del mundo. Me cobijo entre los desvencijados fierros que fungen de sillas. Todo fluiría con naturalidad y este episodio quedaría solo ahí, en el olvido, en la anécdota, de no ser por las repercusiones que en ellas y los demás tendrá el simple deseo de querer inmortalizar el momento. Subirán las fotos con alguna leyenda abajo y dotarán de existencia a sus vidas, a las fotografías. Llenarán los retratos de comentarios, de notificaciones, de vacuidad, de necedad. Era necesario, pues, capturar el hecho y exponerlo, insuflarlo e inflarlo de vitalidad. Las chicas finalmente existen, son algo, pero su vida es corta. Perecerán ante un nuevo evento, hasta que una nueva opinión cobarde, sin rostro, las aniquile o cuando ellas, de mutuo acuerdo decidan inmolarse ante una nueva historia que contar.

jueves, 21 de julio de 2011

martes, 21 de junio de 2011

Vestigios



Tal vez desde tiempos inmemoriales los padres siempre han fantaseado con sus hijos, y éstos con aquellos. La necesidad de abrigo, alimentación y protección se extiende a zonas harto conocidas, ahora prominentes, agrestes, floridas.

domingo, 29 de mayo de 2011

Psicolojudismo y demás



Es sumamente divertido ver a los academicistas analizar hechos espontáneos con la premura de quien quiere engullir un postre y seguir reafirmándose como amo y señor del conocimiento. Sus interpretaciones sesgadas se deben no tanto a ellos, como a vivir prisionero de modelos de pensamiento obsoletos y no cambiantes, propios de la era pasada.



Una más del maestro Quino






domingo, 15 de mayo de 2011

Sábato



Hace poco más de dos semanas adquirí una versión en italiano de Ficciones. En la portada aparece un laberinto que, gradualmente, se transforma de arena a mar. No leo ni escribo, y mucho menos escucho en la lengua de Dante, pero la compré por el placer de tenerla entre mis anaqueles. He ojeado Funes, o della memoria y me parece deliciosa, desde luego, ayuda el hecho de haberla devorado en el original. Y a la luz de los hechos lo recuerdo, tal vez no debería pronunciar ese verbo sagrado, pero en palabras de Sábato traer a colación lo omitido es, a lo mejor, la única manera de modificar el pasado. Y así, al pasar entre la gente, Finzioni ya bajo el brazo, Cuentos que me apasionaron en una edición pequeña, popular, se fijó en mí, o yo en él. Recogí mis pasos y me largué del lugar. Dos días después, el sábado 30 de abril en la mañana, su cuerpo había terminado de movilizarse al fin. El misterio y el azar habían ocultado lo fundamental o mostrado el detalle insignificante. Enseguida le conté a mi madre y me dijo que era la ley de la vida: todos tenemos que morir en algún momento. Sentí un vacío. Vino a mi memoria la edición de Antes del fin que pedí a mi padre comprase. Me la trajo en pirata, pero no me importó y le di curso. Empecé a adorar al autor y sus ideas. No logro traer a mi memoria si leí El tunel antes o después que la anterior, en cambio quedó impregnado en mí Diálogos Borges Sábato, el cual ha sido, hasta el día de hoy, el único libro escrito por hombres, capaz de arrancarme algunas lágrimas. Luego quedaría abatido por La resistencia, despedazado por poder hacer algo, y sin embargo nada o poco llevar a cabo.

sábado, 16 de abril de 2011

Tecnología incorporada



Llevaba unos minutos en el asiento de la histórica línea JB cuando reparé en una fémina de cabello teñido. Me llamó la atención el color amarillo del mismo. Como suele pasar, divagué en mis pensamientos. Al rato escuché la voz de una mujer, no alcancé a ver su rostro, lo cubría con una especie de folder. Supuse que hablaba por teléfono, pero en vano busqué el aparato y los auriculares. Es una prófuga de la justicia social me dije. Al ratito se sentó dos asientos delante de mí y comenzó nuevamente con su soliloquio ante la mirada atónita de dos muchachos y una chica. A su lado un zambo descansaba cómodamente, atrás una pareja se estrujaba sin recato. La mujer describía una casa, utensilios de cocina, fechas y materiales de los que estaban hechos. Recuerdo “unos platitos naranjas chiquitos”, “en el 2005”, “el jardín estaba afuera y ahí había un cordel para que la ropa se seque” entre otras. Quise verla, así que oteé entre las cabezas, me demudó. Sus ojos me encontraron y calló. Pensé que me transformaría en piedra, no fue así. Poco a poco llamaba más la atención, sin embargo podía pasar por una parlanchina que simplemente hablaba demasiado fuerte, el handsfree imaginario pendiendo sobre el pecho, de no ser porque tenía como único interlocutor el espejo que llevaba entre sus manos.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Déjà vu ciego



Últimamente he estado repitiendo, desde el asiento trasero, la misma calle camino a casa. La semana pasada, sin embargo, al pasar por ella, vino a mí memoria un nombre. Tremenda sorpresa al dirigir la mirada hacia el letrero y encontrarlo ahí.

domingo, 13 de marzo de 2011

jueves, 17 de febrero de 2011

Dirty blues



Por los años noventas, cuando aún los cds costaban alrededor de cincuenta soles y había que irse a Galerías Brasil para agenciarlos, descubrí a Gary Moore. Había roto mi chanchito y eso significaba ver materializado mi ahorro de por lo menos un mes, a veces solo uno, en un flamante cd original. Como siempre , relojeaba sin poder decidirme qué comprar. Miraba las portadas una tras otra o ellas me miraban con desinterés. Es curioso recordarlo, pues el disco que compraría más tarde estaba en una de las primeras tiendas, ahora inexistentes, de cara a la avenida Brasil. No podía creerlo, era la primera vez que me iba a ir de galeras con las manos vacías. Casi al salir vi una portada color rojo y azul. Era el Blues Alive ¿puedo verlo? apenas le di un vistazo, pagué y regresé a casa. Estaba pegadaso con la portada, el disco era rojo. Esa tarde quedé abatido por la agresividad de los riffs rocanroleros cuando no bluseros. No sabía que se podía tocar distorsionado y sucio, entre el hard rock y el blues, y a la vez ser sentimental. Durante mucho tiempo fue mi compañero y amante fiel. Creo que era mi primer acercamiento al blues, en el sentido más lato del término.







Siendo aún un niño mi hermano mayor me llevaba a La Plaza San Martín después del colegio, era el paseo obligado antes de regresar a casa. Recuerdo claramente los vinilos en la Avenida Colmena, el Dinasty de Kiss, el Screaming For Vengeance de Judas Priest, el Live Evil de Black Sabath. Una tarde de esas hallé una revista metalera que, supongo, la había adquirido en uno de nuestros paseos. Era extrañísima pues tenía mucha publicidad japonesa; en una de sus páginas aparecía un músico de cabellos negros, cachetes abultados y dos cicatrices diametralmente opuestas sobre el mentón, abrazando una guitarra.







Ya en mis primeros años de adolecente me interesaba todo lo relacionado a la música, de ahí que cualquier cosa que llegara a mis manos llamaba mi atención. Para entonces mi hermano intentaba sacar a la luz un fanzine de bandas metal. El material llegaba a la casa por doquier y mis narices estaban prestas. Una cinta Maxell sin nada más que un papel y canciones variadas, hay un tema de Anthrax buenísimo en él, me hormigueaba las manos, pero sobre todo un tema instrumental en el que destacaba la guitarra, aunque más me parecía a mí el sonido similar al de un teclado. Lo escuché hasta la saciedad y aunque suene a herejía no creo errar al decir que se trataba de la inspiración y motivación necesarias para darle a las seis cuerdas. Más tarde supe que era The Loner.







El último seis de febrero pasado recuperé, por puro azar, mi preciado cd, así que pasé el resto del día escuchándolo y haciendo memoria. El lunes siguiente un amigo me daba la noticia: su corazón se había paralizado, luego sus manos, mientras dormía. Se había ido a España en busca de sosiego para después grabar su nuevo álbum.



miércoles, 2 de febrero de 2011

domingo, 16 de enero de 2011

Lo que demora cambiar de rojo a verde



Una mujer, todavía delgada y tal vez saludable, introduce sin cesar sus papitas fritas en el recipiente pequeño para mayonesa. Su Nextel modelo sapito tiene la tapa levantada, seguro revisa sus mensajes o chatea con alguien. Parece verme, pero no se inquieta. Sus ojos miran hacia los lados, saborea sus yemas, juega con el cucurucho de cartón. Ahora sí estoy casi seguro, me ha visto y se apura en terminar. Levanta la bandeja y vacía todo su contenido. El autobús reanuda su marcha, la sigo con la mirada.


Super Size Me de Morgan Spurlock