jueves, 17 de febrero de 2011

Dirty blues



Por los años noventas, cuando aún los cds costaban alrededor de cincuenta soles y había que irse a Galerías Brasil para agenciarlos, descubrí a Gary Moore. Había roto mi chanchito y eso significaba ver materializado mi ahorro de por lo menos un mes, a veces solo uno, en un flamante cd original. Como siempre , relojeaba sin poder decidirme qué comprar. Miraba las portadas una tras otra o ellas me miraban con desinterés. Es curioso recordarlo, pues el disco que compraría más tarde estaba en una de las primeras tiendas, ahora inexistentes, de cara a la avenida Brasil. No podía creerlo, era la primera vez que me iba a ir de galeras con las manos vacías. Casi al salir vi una portada color rojo y azul. Era el Blues Alive ¿puedo verlo? apenas le di un vistazo, pagué y regresé a casa. Estaba pegadaso con la portada, el disco era rojo. Esa tarde quedé abatido por la agresividad de los riffs rocanroleros cuando no bluseros. No sabía que se podía tocar distorsionado y sucio, entre el hard rock y el blues, y a la vez ser sentimental. Durante mucho tiempo fue mi compañero y amante fiel. Creo que era mi primer acercamiento al blues, en el sentido más lato del término.







Siendo aún un niño mi hermano mayor me llevaba a La Plaza San Martín después del colegio, era el paseo obligado antes de regresar a casa. Recuerdo claramente los vinilos en la Avenida Colmena, el Dinasty de Kiss, el Screaming For Vengeance de Judas Priest, el Live Evil de Black Sabath. Una tarde de esas hallé una revista metalera que, supongo, la había adquirido en uno de nuestros paseos. Era extrañísima pues tenía mucha publicidad japonesa; en una de sus páginas aparecía un músico de cabellos negros, cachetes abultados y dos cicatrices diametralmente opuestas sobre el mentón, abrazando una guitarra.







Ya en mis primeros años de adolecente me interesaba todo lo relacionado a la música, de ahí que cualquier cosa que llegara a mis manos llamaba mi atención. Para entonces mi hermano intentaba sacar a la luz un fanzine de bandas metal. El material llegaba a la casa por doquier y mis narices estaban prestas. Una cinta Maxell sin nada más que un papel y canciones variadas, hay un tema de Anthrax buenísimo en él, me hormigueaba las manos, pero sobre todo un tema instrumental en el que destacaba la guitarra, aunque más me parecía a mí el sonido similar al de un teclado. Lo escuché hasta la saciedad y aunque suene a herejía no creo errar al decir que se trataba de la inspiración y motivación necesarias para darle a las seis cuerdas. Más tarde supe que era The Loner.







El último seis de febrero pasado recuperé, por puro azar, mi preciado cd, así que pasé el resto del día escuchándolo y haciendo memoria. El lunes siguiente un amigo me daba la noticia: su corazón se había paralizado, luego sus manos, mientras dormía. Se había ido a España en busca de sosiego para después grabar su nuevo álbum.



miércoles, 2 de febrero de 2011