miércoles, 30 de noviembre de 2011

Técnica errada



Llegó tarde, para variar. Un día ausente y ya parecía una semana eterna de tranquilidad. Les dije que resolvieran unos ejercicios del libro de trabajo, solo restaban diez o doce minutos para el examen de medio curso. Desde el primer día de clases supe que esa muchacha andaba con los pies en cualquier lugar, menos en el aula. Más de una vez nos hemos cruzado en la cafetería, ella de la mano de su enamorado yo abrazando una galleta al paso. No había estudiado absolutamente nada. Se fue a la última página del libro y empezó a copiar las respuestas, más bien trataba de recordarlas hasta que volviera a la página correspondiente. Una vez escritas se borrarían automáticamente de su mente. La primera vez la fulminé con la mirada, puso la cara muy suya, de yo no fui. Después ni siquiera me molesté en mirarla, sabía a qué atenerme. Recordé que mi profesora de Lengua II de la universidad encontraba vano plagiar de un papel que previamente había sido resumido del cuaderno o el libro, pues esa acción de copiado de las ideas más importantes no era sino una síntesis del texto original, vale decir un resumen. Entonces supe enseguida su destino, no llegaría lejos, no bien empezado el examen su pobre memoria y sus recuerdos anclarían en la tierra del olvido. Obtuvo trece de veinticinco. Irónicamente, el simple hecho de querer triunfar en los ejercicios la imposibilitaba de retener la información, de tal manera que le sirviera para el examen y su consecuente aprobación.