domingo, 30 de junio de 2013

Superchería





 
Hace ya varios años me encontraba buscando abandonar mi condición de pateador de latones. La consigna era simple: conseguir trabajo a como de lugar, sin importar la remuneración, la distancia o lo que hubiese que hacer. Así fui a parar a una charla en un hotel en San Miguel. Eran dos sujetos colombianos, uno alto y rubicundo inició su perorata afirmando que nunca más tendríamos que enviar un solo currículo en nuestra vida, la ovación no se hizo esperar. Pero me llamaba la atención su convicción, hablaba como aquellos mercaderes que buscan convencer a los transeúntes de comprar sus pitangas, brebajes, pócimas y amuletos. Luego, su compañero, un sujeto bajito, rechoncho y camino a la calvicie me entrevistó. Vas a dejar de leer eso. Había notado que llevaba bajo el brazo La casa de cartón conmigo. Las personas leen un texto en tantos minutos. ¿No crees que ellos querrán leer un mayor número de páginas, en menos tiempo y entendiendo más? Asentí con la cabeza por inercia. A la hora del almuerzo volví a casa, debía regresar para la segunda parte del proceso. Después, al pasar por el lugar observaba, a través de la ventana, a los candidatos entrar muy orondos, mientras recordaba haber visto Guerra del tiempo de Alejo Carpentier, de la misma colección que leía, exhibiéndose en un kiosco de la avenida Brasil.