viernes, 26 de diciembre de 2014

Bond




                                                                                                                     





domingo, 23 de noviembre de 2014

Anita





Anita era el sueño de todos los púberes de la cuadra, fresca, jovial, regia, independiente. Cabello ensortijado, rubia, alta, deportiva, pero rellenita. Manejaba una van blanca y hacía la ruta de los colegios de la zona. A veces la veía pasear su perro por las noches y lanzar un ademán desinteresado a todas las manos y ojos que se posaban sobre su humanidad. El esposo, un conocido jugador del Alianza, llegaba en su Mazda deportivo color cielo, bajaba y bum sonaba la puerta. Su perfil era aindiado, parecía un ají amarillo, color cobrizo intenso, alto, caminaba como ganador. Nadie comprendía el porqué de esa unión tan desigual, por eso la inquina y la admiración iban a su encuentro. Era la unión perfecta, tenían dos hijos varones, uno más grande que el otro. Algunas veces se les veía caminar y disfrutar la brisa nocturna, ambos vestidos de buzo, como dos adolescentes felicísimos, que de tan felices precisan compartir su momento. Pero una mañana su camioneta no recorrió la calle estrecha de mi cuadra, entonces su morada empezó a lucir distinta, tampoco se la vio pasear por la noche, pero él llevó al perrito al arbolito que adornaba la puerta de su casa. Los días transcurrieron con normalidad y lo que empezó como una eventualidad devino regular. Los rumores despertaron y se hicieron eco, las vecinas empezaron a llenar la narración oral de bola, cáncer, no, diabetes, eso es seguro, sugirieron enfermedades venéreas, pero ninguna es tan grave como para postrar a alguien en su lecho, el sida aún no era conocido, de lo contrario hubiese sido el más votado por el vecindario. Algunos decían que la mordedura de un roedor, años atrás, en sus genitales, le había pasado la factura. Su casa fue perdiendo ese encanto con que solo las mujeres saben llenar un lugar. Las cortinas raídas, el papa noel inflable entrando por la chimenea languideciendo de pena, el portón despintado y comido por el tiempo. Anita murió de causas desconocidas, probablemente sola, una tarde en que los árboles se detuvieron y las calles dejaron de crecer.

domingo, 19 de octubre de 2014

Ollita





Carajo!!! Como siempre me disperso entre mis pensamientos y entre los objetos que me circundan, soy sitiado por mi realidad, atragantado por ella. Yo que me quejo de los internautas jóvenes que hacen mil y un cojudeces en la computadora, y terminó en lo mismo. Empecé deseoso de revisar las conclusiones de mi tesis, sin embargo primero leí mi blog, el periódico, y luego lo que inicialmente me había propuesto hacer. Me entretuve entre las citas y la bibliografía, corrigiéndolas, revisando las fechas y buscando los libros. Fui a mi cuarto, me llené de polvo y hallé por azar Finzioni, ayer me contaba ella su deseo de estudiar italiano, le daré la sorpresa más tarde. No hallé algunos libros incluidos en la bibliografía, pero recuerdo los textos, las portadas ¿los habré inventado? Veo el lomo de Todos los fuegos el fuego entre los anaqueles y en vez de buscar la fecha, el dato que faltaba, leo el impostergable prólogo de Garcia Marquez. Me dejo llevar por él, siento tristeza, me refocilo entre los espacios de tinta sobre el papel del colombiano, sus anécdotas, la visión que él tiene o tenia de Julito. Encuentro dos palabras que quiero buscar en la RAE, mi madre irrumpe para contarme que la olla más antigua de la casa está en la cocina y que era de la abuela. Me levanto, voy a su encuentro y la observo con detenimiento. Es inmortal, como Cortazar, como la elegía que El Gabo se niega a hacer de él. El viernes próximo es su onomástico, no hay plata para hacerle algo, mi tía también esta misia, me dice que irá al cementerio, cosa que nunca hace, pues ella cree que a los muertos hay que dejarlos descansar. Pienso en este posible post, me pongo de pie, y empiezo a escribir. Me llama para almorzar, voy al baño primero, vuelvo en seguida.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Miasma





Ellos solo cultivan la estupidez, es su arte supremo, por eso me siento atacado, acorralado, extraño, miserable y hasta un poco imbécil, cada vez que los veo cerca de mí. Su sola presencia es ofensiva, pero realmente no sé qué es peor, si ver sus materias descompuestas invadir mi territorio, a gatas, o escuchar sus vómitos naufragar a orillas de mis oídos.



Posdata: Regan y Damien Karras en The Exorcist.


jueves, 21 de agosto de 2014

Felino





Aquella madrugada había soñado que arrojaba felinos, sin cesar, a las ruedas de un auto. La noche siguiente, de regreso a casa, vi una mancha oscura, grisácea, por el espejo retrovisor del lado del copiloto. Voltee y pude ver un pelaje casi aplanado, aún moviéndose.

domingo, 22 de junio de 2014

Poser






Me contaron que su progenitora la había escoltado hasta el mismísimo lugar. El punto de encuentro no podía ser otro que un chifa de barrio, lugar incólume y preciado para los amantes de la tertulia, el fullvaso y la práctica del inglés. 



En los últimos años el progreso había sido, hay que decirlo, notable. Empezamos diciendo hellow, kan y may, y ahora, luego de una práctica intensa e ininterrumpida, nuestro vocabulario llegaba al drunk, wasted, vomit y wantan. 



Pomos más, pomos menos, habíamos aprendido, eso sí, a marinar la cebada con sabor oriental, pero aquella noche algunas botellas de agua brillaban entre tanta chela vacía. 



Cuando la vi, se notaba a leguas que había metido la cabeza en la waflera, encuerada por doquier, las uñas más largas que sus dedos y unas pestañas que bajaban hasta sus pómulos. 



Desde luego, la lady en cuestión solo tomaba bebida gasificada, cosa que desde luego tampoco pagó, pues mis compañeros son muy gilbertos o demasiado gentlemen . 



Por sugerencia de ella misma fue que dimos a parar a uno de esos lugares rectangulares donde la gente va a hacer alarde de su ineptitud para el canto y de su poca vergüenza para hacer el ridículo, y con ánimos de hacer collera y justificar el encuentro, accedí. 



Al regresar del baño la mesera me dice que el consumo por persona es de cuarenta maracas. Sufro de gastritis. No hay problema, tome agua. No me decido y al final ordeno una cerveza negra, y veo en esa acción una reminiscencia a la vida trasuntada del poeta Martín Adán



El pequeño espécimen a mi izquierda mira asombrada el vaso y la pequeña botella ¿Pero cómo vas a pedir cerveza? Me provocó ¿Está tomando una malta? La otra no dice nada. Al rato llega una fuente con piqueo que debe haber sido ordenada mientras estaba en el baño, deliberando con un amigo, cómo sortear el problema del consumo. Sírvanse dice la chica más nice del planeta. Acto seguido, la más pequeña abre sus ojos inflamados y deja al descubierto sus lentes verdes de contacto. La dentadura de repuesto tiembla al mordisquear los pedazos de pollo crujiente. 



La más animada es la chica yeyé, su voz va de lado a lado, su saliva gotea el borde de su trago. 



De pronto, y luego de casi hora y media, murmuran sobre la cuenta entre ellas. Que tal shell!!! Hasta su amiga que vestía tights raídas y despintadas tuvo más criterio que ella ¿Pago algo más? Deja pa tu trago nomás. Se puso de pie y estampó su pómulo sobre el mío. Naturalmente, sus labios rosas no podían posarse sobre mis mejillas infectas y de raíces cholas, cuando no vernaculares. El beso de Judas había tenido lugar. 



Y se marchó como se van las pituquitas de los distritos ubicados al Sur de Lima, mostrando sus dientes y derramando, para sí, lisuras a las madres de los presentes, pues seguro sentía que había perdido el tiempo en fajarse, depilarse, plancharse y talquearse, para cuatro creaturas que no le llegaban ni al taco larguísimo de sus zapatos. 



Y si mal no recuerdo, en el preciso instante que la puerta regresaba a su lugar, la canción Magdalena empezaba a sonar por los parlantes y fue entonada a viva voz por mis compañeros. 



Gente, la próxima vayamos al Shillies o al Saturday’s. Ooh yeah!!! Pero a hacer window shopping, a reírnos un poco de la gente posera que va por esos lares y luego enrumbamos al Canton, donde la vida es más parecida al mundo real, con sus sillas de madera y sus manteles con huecos, con su toilet sin jabón, su pecera sin peces, sus televisores llenos de crónica roja y unas gentes amabilísimas. 



p.s.: … supe a través del Facebook que la susodicha se encuentra requerida en la dependencia policial de la zona, San Miguel. Caballero, se te va a malograr la pedicure franchute, pero ni modo, así que apersónate a hacer un poco de dishwashing y como dice la tía Tilsa, apechuga nomás.

domingo, 25 de mayo de 2014

Ternura





El sonido mudo, silencioso, ensordecedor, del borrador sobre la hoja y al otro extremo la mano izquierda de un niño, casi empuñando, la punta del lápiz.

miércoles, 30 de abril de 2014

Medio verdadero








La preocupación nace a partir de la exacerbada proliferación de bailarines, modelos, cantantes, periodistas, escritores, directores de cine, músicos y comediantes, en los medios de comunicación. 




Todo lo anterior supone que sus opiniones y obras, llámese cds, novelas, poemarios y películas vean la luz, pero que en vez de desintegrarse al instante, como pequeños Dráculas, más bien, y al igual que en un cuarto de espejos y la cópula, se reverberen hacia el infinito. 




En realidad su vida es corta, duran lo que toma vaciar el inodoro o la rapidez con la que tarda en ser leída una nueva notificación por sus destinatarios. 




El caso es que uno de los peores efectos desde finales del siglo pasado y el actual, perpetrado a partir de los creadores de las nuevas tecnologías y plataformas informativas, que hace más feliz y más obtusos a la mayoría de personas en el planeta, es la falsa y prostibularia democratización de la información y el efecto cancerígeno y pandémico del supuesto derecho a opinar que subyace a la sociedad de la información. 




Nada más falso que el habernos hecho creer que cualquier comentario digitado o vociferado merece no solo ser manifestado, sino también escuchado. Entonces la democratización del derecho a opinar se erige como posibilidad y como requisito para ser en la actualidad, por eso cobra absoluto sentido el primer párrafo. No podría ser de otra manera, nunca más volverán los intelectuales, los artistas, los científicos, los que tienen algo que decir, a las plataformas informativas. Mi derecho a no escuchar o ver miasma se vulnera por el deber y derecho del otro a saborearlo, producirlo y eyectarlo sobre el prójimo. 




Pero desde el punto de vista de los usuarios, aquellos seres que son vividos y vistos a través de la tecnología, y para los gurús de la informática, estamos viviendo la época dorada en lo que a civilización y comunicación se refiere. Nunca la humanidad se ha comunicado tanto dirán ellos, nunca antes ha poseído tanta información en su poder, tanto poder en sus manos. Pues nunca antes tampoco los seres humanos han sentido tamaña soledad ni el haber sido arrojados a un mundo vacuo, gaseoso, ni tampoco la sordera ni las máscaras de la incomunicación han ganado tanto terreno como ahora. 




Cabría decir si los medios masivos en conjunto se vuelven pseudos al menor contacto con sus personajes predilectos o, los primeros, por su propia naturaleza apócrifa, deforman todo aquello que ellos mismos alcanzan. 




Demás está decir que poco o nada espero de la civilización actual, o en todo caso, mientras persistamos en pensar que la panacea está en el uso desmedido de los medios de comunicación, nos alejaremos cada vez más de, al menos, avizorar la posibilidad de acercarnos a lo que nos circunda y en apariencia menos doloroso se hará el tránsito hacia el final y más rápido; la imposibilidad de asir lo asible se hará presente, ya no lo inasible, y destinados estaremos a ser engullidos por el origen, el medio y el fin, pues los medios masivos, merced a las nuevas tecnologías, hace mucho que han dejado de ser el medio, para devenir una totalidad, ya no un tránsito ni puente, sino lo que fue, lo que es y está siendo y lo que será. Es decir, el estado de cosas, la condición sin la cual no podríamos ser en el mundo, existimos por ellos, para ellos y hacia ellos.

domingo, 30 de marzo de 2014

Parisino





Hace poco entré a un chifa de barrio tan solo para recordar la miseria vivida años atrás. Entonces la cena era un tazón de sopa compartido entre tres.

viernes, 28 de febrero de 2014

El post anterior






En la Suma Teológica se niega que Dios pueda hacer que lo pasado no haya sido. 


Jorge Luis Borges



















La fecha desde la que recuerdo haber escrito estas ideas es sin duda apócrifa. Se remonta probablemente a los albores del primer mes del calendario, aunque no hay certeza de cual año sea ese, pero decido publicarlo tiempo después en aras de alcanzar al más grande prófugo de la justicia social, cuando no besarle los talones, si es que acaso es eso posible. Pero si fuese así, podríamos decir que su naturaleza post hizo postergar el post que debió ser reescrito cuando su cualidad de longevo asomaba su quinto año de vida. La interpretación del mismo dependerá del lugar donde se encuentre, incluso de su postura, en una palabra: de su corte de cabello. Llamémosle un post póstumo, ubicado en lo por venir, pues para cuando él lo lea, yo ya seré historia, además, está totalmente desfasado, pues lo escribo para ayer, para un pasado incierto. Recordemos que para Lyotard lo posmoderno es comprender de acuerdo a la paradoja del futuro (post) anterior (modo). Por eso el posmodernismo no es fin del modernismo, sino su estado naciente y constante. Y puede ser entonces que mi verbo lo alcance, pues él anda a la vanguardia, desafiando el orden establecido, creando nuevas reglas a su antojo. Pudo haber sido ayer, hoy, mañana, después o el mismísimo día, poco importa ya. Siempre llegaré tarde para él, su sombra será mi camino, nunca estaré tan cerca suyo como yo quisiera, nunca podrá verme tan seguido como él tanto anhela.




viernes, 31 de enero de 2014

Sweetcida





Veo una mujer desafiar el tráfico, de Este a Oeste, en plena vía expresa de Javier Prado. El ruido de los autos le peina el rostro, pero ella prosigue su marcha. Ha creado una frontera invisible entre su cuerpo y ellos. Sus pasos se deslizan firmes sobre el filo de la pista, el espacio entre sus piernas forma una v invertida, rígida. Perfectamente peinada, pies libres, lleva un sujetador de cabello, pantalón de buzo y polo rojo percudido. A la espalda se alcanza a leer: Marcelina Guerra, alcaldesa 2019.