viernes, 28 de febrero de 2014

El post anterior






En la Suma Teológica se niega que Dios pueda hacer que lo pasado no haya sido. 


Jorge Luis Borges



















La fecha desde la que recuerdo haber escrito estas ideas es sin duda apócrifa. Se remonta probablemente a los albores del primer mes del calendario, aunque no hay certeza de cual año sea ese, pero decido publicarlo tiempo después en aras de alcanzar al más grande prófugo de la justicia social, cuando no besarle los talones, si es que acaso es eso posible. Pero si fuese así, podríamos decir que su naturaleza post hizo postergar el post que debió ser reescrito cuando su cualidad de longevo asomaba su quinto año de vida. La interpretación del mismo dependerá del lugar donde se encuentre, incluso de su postura, en una palabra: de su corte de cabello. Llamémosle un post póstumo, ubicado en lo por venir, pues para cuando él lo lea, yo ya seré historia, además, está totalmente desfasado, pues lo escribo para ayer, para un pasado incierto. Recordemos que para Lyotard lo posmoderno es comprender de acuerdo a la paradoja del futuro (post) anterior (modo). Por eso el posmodernismo no es fin del modernismo, sino su estado naciente y constante. Y puede ser entonces que mi verbo lo alcance, pues él anda a la vanguardia, desafiando el orden establecido, creando nuevas reglas a su antojo. Pudo haber sido ayer, hoy, mañana, después o el mismísimo día, poco importa ya. Siempre llegaré tarde para él, su sombra será mi camino, nunca estaré tan cerca suyo como yo quisiera, nunca podrá verme tan seguido como él tanto anhela.