domingo, 23 de noviembre de 2014

Anita





Anita era el sueño de todos los púberes de la cuadra, fresca, jovial, regia, independiente. Cabello ensortijado, rubia, alta, deportiva, pero rellenita. Manejaba una van blanca y hacía la ruta de los colegios de la zona. A veces la veía pasear su perro por las noches y lanzar un ademán desinteresado a todas las manos y ojos que se posaban sobre su humanidad. El esposo, un conocido jugador del Alianza, llegaba en su Mazda deportivo color cielo, bajaba y bum sonaba la puerta. Su perfil era aindiado, parecía un ají amarillo, color cobrizo intenso, alto, caminaba como ganador. Nadie comprendía el porqué de esa unión tan desigual, por eso la inquina y la admiración iban a su encuentro. Era la unión perfecta, tenían dos hijos varones, uno más grande que el otro. Algunas veces se les veía caminar y disfrutar la brisa nocturna, ambos vestidos de buzo, como dos adolescentes felicísimos, que de tan felices precisan compartir su momento. Pero una mañana su camioneta no recorrió la calle estrecha de mi cuadra, entonces su morada empezó a lucir distinta, tampoco se la vio pasear por la noche, pero él llevó al perrito al arbolito que adornaba la puerta de su casa. Los días transcurrieron con normalidad y lo que empezó como una eventualidad devino regular. Los rumores despertaron y se hicieron eco, las vecinas empezaron a llenar la narración oral de bola, cáncer, no, diabetes, eso es seguro, sugirieron enfermedades venéreas, pero ninguna es tan grave como para postrar a alguien en su lecho, el sida aún no era conocido, de lo contrario hubiese sido el más votado por el vecindario. Algunos decían que la mordedura de un roedor, años atrás, en sus genitales, le había pasado la factura. Su casa fue perdiendo ese encanto con que solo las mujeres saben llenar un lugar. Las cortinas raídas, el papa noel inflable entrando por la chimenea languideciendo de pena, el portón despintado y comido por el tiempo. Anita murió de causas desconocidas, probablemente sola, una tarde en que los árboles se detuvieron y las calles dejaron de crecer.