martes, 27 de enero de 2015

Seis









          Aún recuerdo el preciso instante en que tus manos cruzaron mi mirada por vez primera, entonces tú ya sabías de los avatares terrenales, arribaste armado con tu cañón del futuro, empeñado en aterrizar por estos lares. Es tan difícil a veces comprender cómo funcionan los pensamientos, los recuerdos, los sueños y las premoniciones, el hilo conductor entre un padre y un hijo, acercarme a ti, aprehender un poco siquiera. Soñar por ejemplo que estas aquí, dibujando el universo sobre la arena, repoblándolo, volviendo fundamental lo anodino, apareciendo y desapareciendo. A la mierda el Facebook, las tablets y la tecnología precoz! Después lloraremos haber malgastado el tiempo en tanta basura tecnológica y, cuando queramos recuperar el tiempo perdido, ellos serán más fuertes que nosotros y seremos despojados como nosotros a ellos. Durante estos seis años he tratado de acercarme impenitente, acortar la distancia inevitable entre los dos y aunque el mundo entero se opuso, persistía el deseo de verte, de hacerte saber que estaba ahí. Horas, minutos, segundos, todo valía la pena. Ahora, en cambio, es tan poco el tiempo compartido, has ido a parar a una tierra baldía, imaginando amigos, rutas transitables y asfalto, algo siquiera cognoscible y luego reconocible. Pensando, tal vez, si llegaré de manera inesperada, como antes, para delinearte una sonrisa, secar tus lágrimas y compartir las mías, que abraces mis abrazos. La última vez me confesaste tu odio por las clases de flauta, no te culpo, la música debe llegar de manera espontánea, como el primer beso, la anécdota, el primer postre, un solo improvisado, la primera polución. En otra ocasión me preguntaste si me gustaba el futbol, mi respuesta, ya lo sabes, fue negativa. Pero en esa sola interrogante note tamaña preocupación de tu parte, un querer saber de tu progenitor, ansiar adentrarte en lo recóndito, ahí donde ni yo mismo he estado alguna vez, pero solo como ensueño. Vayamos a caminar, a deshacer este mundo patas arriba, lleno de falsa cortesía, modales cansinos y anquilosados, atesorados solo para volver sobre ellos en los libros de Carreño y Holler. No dejes que te frustre la incomprensión de los mayores, su cerrazón, avísame para tomarnos un par de chelas bien helenas, llegué tarde para la primera función de cine, así que me debes una, los abuelos siempre metiendo las narizotas donde deben y no deben. Grita mi nombre al vacío, mándame señales de humo, huye a mi encuentro. Estas ganas de querer otear tu silencio y no poder despensarte de mi becebro. Hahaha reías ¿recuerdas el juego? Don pipa, don popo, don pepe, don pepa, don papi, don pupu, don pape, don papa, don pipi, don pepi, don pupa, don papu, don pepu. ¿Si lanzo un avioncito por los aires te subirías conmigo a dar una vuelta por allá arribota? Mi versión personalísima de Carta al cielo de Luchita Reyes!