miércoles, 16 de septiembre de 2015

Make-down






Cada vez me resulta más fácil identificar aquellas mujeres que abusan de maquillaje para cubrir sus imperfecciones. Lo que ellas ignoran en el fondo, o tal vez deliberadamente buscan engañar a sus pares, es el sobredimensionamiento de sus errores connaturales a partir del uso de pintura. Naturalmente, cuando se es jovencísimo, las pestañas falsas, las cejas ficticias, el cabello planchado y las uñas adulteradas, pueden resultar atractivas en tanto una mirada inocente pocas armas posee para discriminar entre lo fidedigno y la réplica o, en todo caso, menor resistencia oponen al encantamiento de esas falsas sirenas de arena. En realidad, excederse en lo primero y en el uso de anillos, pulseritas, zapatos con plataforma, tacos aguja y perfumes baratos, exhalan reminiscencias prostibularias, activan fantasías dormidas. Por otro lado, aquellas que lucen su carita lavada tampoco garantizan un placer ante los ojos, pero por lo menos exhalan cierta naturalidad perdida, ausente, o simplemente el desparpajo típico matinal sin disfraces. Hay otras que dosifican las temperas y los ornamentos, pero tampoco eso las salva, pues tal es la avalancha de abolladuras, que los brochazos terminan naufragando ante ellas. Es cierto que muchas no tienen remedio, pues con o sin él, es inevitable no pensar en las marcas de los ex convictos lucidas para amedrentar a los otros, es decir, al pintarse o dejar de hacerlo, su destino escrito está, deambular el periplo diario de la realidad, enfrentarse al espejo diario del baño, cuarto o bolsillo, a la mirada del otro.




George Michael y Roxanne


miércoles, 2 de septiembre de 2015

Deporte chatarra







Un padre sube al bus con sus dos hijos, visten shorts, camisetas de deporte y canilleras, sonríen. A los cuarenta minutos bajan y se aproximan a un restaurante conocidísimo de comida rápida, van presurosos, casi felices. Es sábado y el reloj marca las diez y treinta de la mañana.



Father and Son de Cat Stevens