miércoles, 15 de junio de 2016

Pasado



A la seis de la mañana la ciudad se levanta 

Julio Ramon Ribeyro




















Hay un momento del día, tal vez entre las cuatro y las seis, entre el preludio y el inicio del atardecer, cuando se ven reflejadas las sombras de los objetos en las calles y las luces de los autos aún ausentes, que el sol brilla sin quemar y la brisa refresca el rostro, los vendedores de fritangas pedalean más lento, las panaderías exhalan un aroma fresco, tibio, los primeros trabajadores retornando a sus hogares, entonces empiezo a recordar inevitablemente instantes pasados, intactos a pesar del tiempo, a lo mejor recreados por mí mismo o simplemente producto de una mala pasada de mi memoria, de mi deseo azaroso de volver a ser, de transmutarme en aquel que alguna vez fui.



Y través del vitral del tercer piso de este edificio, se dejan ver las pistas húmedas, lluviecita lenta y pequeña cayendo a cuentagotas y los autos discurrir en ella con cuidado; son las ocho de la madrugada de un sábado cualquiera y en la acera de enfrente el mismo mendigo descansa plácidamente sobre un cartón, a orillas de un restaurante fraudulento, cobijado por una manta verde y raída, y justo ahí cruzan mi memoria aquellas mañanas, aún felices, yendo de San Miguel a la Molina para ver la actuación de Domenico por el día del padre; entonces podía llegar al nido a tiempo e incluso en ocasiones recogerlo de casa y hasta verlo desayunar, coger el pan con la yema de sus dedos y dejar sus huellas de ratoncito sobre él; las pocas migas adheridas a la comisura de sus labios se enjugaban con el bigote de jugo de papaya que acababa de dibujar.









4 comentarios:

Marianne dijo...

Como tener la oportunidad de estar en un universo permisivo y sí es inevitable no pensar en tanto, tratar de palpar de nuevo momentos y anhelarlos y pensar un poco más en medio de esa penumbra que " Es preciso conocer la oscuridad más descorazonadora para admirar la luminosidad que nos devuelve la fe en la vida."
Más aya de todo eso Christopher, me imagino que nada reemplaza la felicidad que te da Domenico y con sólo contemplarlo y abrazarlo es algo simplemente mágico. Espero que hayas tenido un buen día.

Christopher dijo...

... puedo estar solo, quedarme solo, podrán dejarme y yo abandonarme, también, pero el murmullo de Domenico desde los arrecifes espanta la zozobra, el mal de ojo y la indiferencia ...

Marianne dijo...

Es tu ángel

Christopher dijo...

... su presencia es constante ...