miércoles, 5 de octubre de 2016

Lección número uno para los cachimbos de Comunicaciones





Hace mucho que los medios de comunicación y las plataformas novedosísimas, las llamadas redes sociales, también son consideradas responsables de los contenidos, es decir, de los mensajes que emiten y consecuentemente de las tendencias que crean.




En ese orden de reflexión el medio en sí, esto es, el formato a partir del cual se elaboran los discursos posee límites y efectos devastadores sobre los usuarios y la sociedad. Hecho por demás corroborado por autores de la talla de Pierre Bourdieu y Jean Baudrillard y no por Martínez Morosini, Nicolas Lucar, Steve Jobs o Mark Zuckerberg.




Lo cierto es que se trata de una responsabilidad compartida, pues los usuarios tienen que ver en el asunto, de ahí que sea completamente parcializado y demagógico decir que las tecnologías no son culpables, sino los usuarios.




Curiosamente son la propia gente inmersa en los medios, los jugadores de pokemon go, los adictos a las ventanitas, a las fotitos con filtro, a lo fácil, los pulpines y los psicolojudistas, quienes se esmeran en difundir esa ola de opiniones; lo justo sería realizar una autocrítica que vaya allende el tercer ciclo de universidad, algo concienzudo.




Sin embargo, sus argumentos no soportarían la crítica más débil, pues al ser ellos mismos los adictos y precisamente quienes menos saben de cuestiones que trasciendan las fronteras de google, lo más probable es que responderían con un like, un me gusta, un me divierte o algo por el estilo.




Me parece que el meollo del asunto se resume en lo siguiente: los defensores de las nuevas tecnologías simplemente dan su opinión y no un fundamento, es decir, quieren participar de un debate ideológico desde la doxa, tal cual lo hacen en las redes sociales.




Desafortunadamente sus ideas carecen de asidero y esto se debe básicamente a su éxito al capturar pokemones u obtener más visitas en segundos. En otras palabras, buscan aplicar las mismas reglas de juego de las plataformas donde se refocilan a sus anchas a terrenos pantanosos como la realidad o el mundo real.




Finalmente la conclusión es simple, a leer libros reales o virtuales y a debatir. La mesa está servida. 


Posdata: … el libro Sobre la televisión de Pierre Bourdieu y Lección sobre la lección del mismo autor, así como Contraseñas de Jean Baudrillard, Las alusiones perdidas de Carlos Monsivais, El orden del discurso de Michel Foucault y el clásico Apocalípticos e integrados de mi tío Umberto Eco podrían servir…



Accept y Balls to the wall


4 comentarios:

Marianne dijo...

Hace poco me regalaron "Tartufo", pero ni bien recibí mi sueldo opté por comprarme "Travesuras de la niña mala". Cada domingo me dedico a leer y lo extraño es que al querer opinar sobre un libro o encontrar a alguien que me ayude a encontrar alguno, la respuesta inmediata es : Googlea. Y sí, hemos caído en el facilísimo, en el inmediatismo. Doy por entendido que, el cliente de las redes se siente satisfecho con las tendencias, novedades y etc, pero en mi parecer, hay muy poco ser humano en cada individuo hoy en día, que se entierra y fabrica una realidad virtual, un mundo cómodo,un castillo de felicidad. Todo esto lo escribo ni bien sale de mi cerebro y me causa tristeza... Porque va desde escuchar comentarios algo estúpidos por gente de mi generación y de menos edad, que sufre y se expresan mediante estados, publicaciones y chats. Ya me es difícil encontrar a alguien con quién platicar de verdad, cosas reales y latear un poco sin rumbo...

Christopher dijo...

... totalmente de acuerdo contigo, Marianne y precisamente te adelantas una vez más, pues ya tengo escrito un post sobre las fotos de Facebook, esa gran patraña cibernética que circula en el mundo virtual. Aunnque aún no sé si será lo siguiente que suba ...

Marianne dijo...

Lo impredecible a veces resulta magníficamente... Siempre me ha parecido interesante lo que posteas, con gusto en alguno de estas semanas pueda leerlo (leer lo que venga).

Christopher dijo...

... lo imprevisible y procastinar ...