viernes, 23 de diciembre de 2016

Mea culpa navideño






Al final llegó lo esperado, seamos justos, así como Borges decía que modificar un hecho pasado equivalía a crear una nueva historia universal, del mismo modo mis errores le han costado caro a otros cercanos a mi y a aquellos no tan cercanos. Por eso estas fiestas no deben ablandar el corazón sino mostrarlo tal cual, lacerado si es el caso, mordido y pegoteado; por lo pronto debido a los cambios en mi vida durante este año y que continúan su curso, he vivido ansioso desde la semana pasada, porque sé lo que vendrá mañana, he variado los presentes de los enanos. En mi caso, mi mejor y único regalo será la sonrisa de Domenico reflejada en una lágrima mía.      



Posdata: ... recuerdo una navidad de la primera mitad de la década de los ochentas, mucha ansiedad palpitando dentro de mi, asomándome por la ventana, escuchando y viendo los cuetecillos reventar y volar por los aires. La memoria me falla, creo que aún era de noche cuando descubrí debajo de mi cama el regalo de mi madre: un auto que avanzaba y cuyas luces giraban y se encendían como las de un patrullero de verdad, pero no era un carro policía. Y digo que el recuerdo me juega una mala pasada pues creo que mi madre me lo dio antes del 25, es decir en nochebuena, tal vez mi padre no la dejó quedarse conmigo o a lo mejor me levanté la madrugada del 25 y lo encontré ahí. Pero sí recuerdo claramente el deseo de tener ese carro, como algo soñado que se pierde en el transcurso del día ... 

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