miércoles, 1 de marzo de 2017

Amor pasajero





                                                    Hay que ser bien valentín 
                                                    para encerrarse en una habitación con alguien nada santo




Felizmente este año las calles no han estado invadidas de tanto excesivo cariño plástico o al menos eso es lo que me parece, para mi fortuna me había escapado al Centro; por allá por el año dos mil, mi día libre coincidió con un catorce de febrero y para mi mala suerte Cast Away había sido recientemente estrenada, quise aprovechar el privilegio de los trabajadores de una cadena de cines muy conocida de entrar sin pagar, quien diría que pude haber sido víctima de sus instalaciones, y fugué para allá. La avenida Larco era atroz, la gente, los peluches, los globos, las máscaras, los afectos efectistas, los atuendos de gala, los vestidos comestibles, el regalo para que se regale, el mostrarse forzosamente sentimental y no natural, el preludio obsesivo a lo inevitable, un revolcón de nueve minutos y medio, de ahí el por qué de las mozas y otras bien trajinadas de lucir pintaditas, planchaditas, talqueaditas. Esto último no parece haber cambiado mucho, salvo las precauciones de rigor que por estos tiempos el verano ha obligado a tener, basta una nariz sensible para revelar olores acevichados, ¿ayuyados?, a tofu y tufo, a hongo con laurel, a lamento corporal, a carquita edulcorada con Heno de Pravia; todo para que al final el resultado sea más o menos un oloroso kotosh citadino de a veinte lucas, reverberado en frases aprendidas y gemidas en el momento exacto. Como los regalos, las poses y los mensajes harto comercializados por estas fechas, sinónimo de todo lo contrario a un amor visceral, genuino, apestoso, honesto.



Y a continuación, en esta escena de Eyes Wide Shut de Stanley Kubrick, todo lo contrario:


6 comentarios:

Marianne dijo...

La escena me recuerda una madrugada en la que fui a la Casona de Camaná para presenciar un tributo de Sabina; al salir de aquel lugar las calles solo eran ocupadas por trabajadoras en cada esquina y cada esquina parecían ser las mismas, quizá porque vestían casi igual,ofrecían obviamente lo mismo, hablaban de lo mismo, pero sí, tal vez lo que otorgaban era más real que un par de obsequios, fechas y tanta sonsera que justifica algo que realmente no existen o simplemente ya se está perdiendo...

Christopher dijo...

... tu comentario ya es un nuevo post, Marianne ...

Marianne dijo...

Podría ser un relato corto si se le da forma

Christopher dijo...

... ya está casi listo! ...

Marianne dijo...

Siempre me emociona leer algo tuyo.

Christopher dijo...

... pues a menudo siento que su valor es discutible. Pero es todo lo que puedo ofrecer ...