lunes, 5 de junio de 2017

Celotipia





Desde entonces duermo con un ojo abierto

Juan Seguro





Se acuclilló y alcanzó el borde de la cama. La guata del amante subía y bajaba, subía y bajaba. La ventana entreabierta dejaba pasar un airecito fresco, la cortina daba golpecitos de lado a lado. Había dejado la puerta junta por si acaso y se había descalzado, con la diestra empuñaba el arma brillante. El hombre parecía un cuy chactado recién sacrificado, posición perfecta, solo un calzoncillo amarillo comprado en Gamarra lo cubría. Sus tetillas eran negras, como pitones de pelotas de barrio, cuerpo lampiño, escaso vello en las axilas, cejas ausentes y cabello hirsuto. Manos regordetas, toscas y pequeñas, culo plano, canillas de perro flaco, cabeza de mango chupado. Prieto como un guindón veraniego y más pequeño que un pigmeo. Lo observó un momento, tenía la boca abierta, exhalaba un tufo agrio, las alas le apestaban a poto y las plantas de los pies blancas, de tanto talco fungicida. Se veía tan tierno que quiso besarle la frente arrugada de diablo, sus dos colmillos amarillos mordían sus labios de chicharronero. Será por eso tal vez que más tarde preparó sangrecita y camote para disfrutar su trofeo. No sangró tanto como ella había visto en las películas, tal vez porque había prensado con la izquierda y cortado con la derecha. El otro ni siquiera se inmutó. Al final, luego de freírlo lo arrojo por el inodoro, su perro no merecía tamaña decepción.             

4 comentarios:

Marianne dijo...

Me pregunto en qué te inspiraste ésta vez...

Christopher dijo...

... un recuerdo, una visión y una premonición ...

Marianne dijo...

Espeluznante...

Christopher dijo...

... avísenle al susodicho, despiértenlo, esa mujer anda libre ...